
El aislamiento
preventivo, al margen de todas las cosas malas que trajo, nos permitió
descubrir o redescubrir películas y series que tal vez en otro contexto no hubiésemos
tenido en cuenta. Por eso hoy queremos conversar sobre “The
Office”.
Estos últimos días,
además de realizar “rewatch” de la mencionada, traté de pensar el fenómeno
generado, ya que es una serie que arrancó en el 2005 y terminó en el 2013,
después de 9 temporadas.
Antes de dar una
conclusión, me gustaría comentar cómo me inicié en este camino
tan lindo (?).
Si no me falla
la memoria, recuerdo el 2005 como un año de encrucijada personal ya que mi
vida giraba en torno a hacer lo posible para no estudiar materias del
secundario mientras descubría sitcoms que se transmitían en el cable:
Seinfeld, Malcolm, My Name is Earl y varias que pasaban sin pena ni gloria. En
esa vorágine, un amigo me tira la data de que se estrenaba o se estaba
trasmitiendo una comedia llama The Office que la estaba rompiendo (acá es
cuando me falla un poco la memoria ya que no recuerdo si la arranqué con el
primer episodio y el clásico chiste de la engrapadora en la gelatina o fue con
el segundo o tercer capítulo). Como si fuera poco, en ese tiempo se trasmitió
en los cines “Virgen a los 40 años”, así que a la figura de Steve Carell la
tenía presente.
No fue necesario
ver muchos capítulos para engancharme de lleno. Esperaba con muchas ansias el
capítulo nuevo semanal ya que me parecían brillantes los chistes, además de que
les había agarrado mucho cariño a los personajes. La primera temporada, que es
muy corta, y la segunda se pasaron casi seguidas así que el disfrute fue mayor.
Habiendo
superado mi etapa de secundaria, arranqué la facultad. Mi fanatismo no
paró y me acompañó en ese nuevo camino. Recuerdo un sábado del 2009 a la
noche que mezclaba capítulos no vistos con ejercicios de estadística mientras
preparaba el parcial del lunes siguiente. Todo eso continuó hasta el 2013
cuando termina oficialmente, con la idea de que había cerrado el ciclo propio,
un poco con nostalgia, un poco con felicidad. No había sido tan duro darle un
fin ya que en ese momento estaba disfrutando a la par otras dos series, The Big
Bang Theory y How I Met Your Mother.
Cronológicamente,
en el 2014 entré a mi primer laburo luego de recibirme, y en el 2016 recibo
como regalo, por parte del otro fundador/escritor de este blog, una remera
traída del país del norte temática de The Office. A partir de ahí empecé a
comprender que hay determinadas series que te interpelan de una manera
diferente según el momento de vida que estás atravesando. ¿A qué viene esto?
Como mencioné al
principio, en este último tiempo la arranqué de cero para irme a
dormir con una sonrisa. Pero, para mi sorpresa, no solo me estoy riendo de
chistes que me parecían graciosos la primera vez que los vi, sino que logré
entender diferentes situaciones laborales que en ese momento, sin la
vivencia propia, no había disfrutado de la misma manera.
Con esto me
refiero, de vuelta, al “humor oficinista” en una línea fina entre lo
inverosímil y lo posible (personalmente no haría el chiste de la gelatina o
mover un escritorio, pero es posible) pero también a esas situaciones complejas
que a uno le toca vivir en ese ámbito: renuncia, despido, jefe, nuevo jefe,
compañeros, nuevo trabajo, mails, recursos humanos, etc.
Entonces, y
desde un punto de vista subjetivo, ese fenómeno que hoy vivimos por The Office
no es casualidad. Es la serie que, si bien es de otro país y por ende
tiene otra cultura, más nos identifica. Nombremos algunas de las sitcom más populares
en estos pagos: Friends, Seinfeld, The Big Bang Theory, How I Met Your Mother,
Two and a Half Man. Realmente,
¿son personificaciones válidas las que nos muestran estas últimas? Me parece
más creíble lo que pasa en "La Oficina", más allá de que toda
sitcom tiene su cuota de imperfección para forzar la escena o los personajes al
chiste que buscan los creadores y/o directores.
Posiblemente es una cuestión que hemos adaptado de
esa misma cultura laboral y ese modo de trabajar anglosajón. Si bien no
representa el fuerte de la economía, muchas personas trabajan en subsidiarias
de empresas extranjeras. O, también, tiene un modelo mental de negocio válido
en empresas extranjeras. Otra razón seguramente, es que uno busca en el espacio
físico de trabajo un equilibrio entre amistad y compañerismo, ya que vamos a
ser sinceros, nadie trabaja nueve u ocho horas seguidas. Y en esa
mezcla entre lo “laboral” y lo “personal” se cruzan distintas
emociones, risas, llantos, enojos, miedos.
Por lo cual, a
mi entender, no se trata solo de una serie que nos hace reír con sus escenas
bizarras y sus personajes, sino que también nos identifica en nuestra realidad
con el correr de sus episodios.


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