Para volver al ruedo de escribir nada mejor que con un héroe-antihéroe que reaparece a la pantalla chica con su segunda temporada (y a priori la última). Esta nueva entrega de 13 capítulos nos da a un Frank Castle
muy parecido a lo que nos venían mostrando en la temporada anterior y en la
serie Daredevil. Una persona que tiene que convivir con el infierno de su
pasado: familia asesinada, amigos que lo traicionan, ir a una guerra sin un
sentido, además de utilizar la justicia por mano propia hasta el extremo de
asesinar a las personas como filosofía de vida.
Al margen de darnos esa imagen de kick-ass, el agregado
especial es el hecho de que tiene que ser maestro/cuidador de una chica de 16
años, Amy Bendix, que se ve involucrada en una serie de negocios turbios con
“peces gordos” que van a hacer hasta lo imposible para darle un final no alegre
a la “niña”. Como si fuera poco, y tal vez lo que más se le critica a
esta segunda parte, vuelve un viejo conocido para ser el enemigo principal de
nuestro amigo Castle y la pesadilla de sus pseudo aliados Dinah Madani y Curtis
Hoyle.
A lo largo de la temporada ni los productores ni el showrunner, Steve Lightfoot, escatiman en escenas de acción, pero si nos da una vuelta de tuerca más dramática y psicológica para tratar de entender la razón que buscan los personajes. Si bien hay partes que pueden ser un bodrio, tiene un par de escenas cómicas que sirven para darle un tono más humano a Punisher. Si bien no es lo mejorcito de la ya extinta relación Marvel-Netflix (personalmente tengo un escalón más arriba las dos primeras temporadas de Daredevil y la primera de la serie que estamos hablando) cumple con lo quiere el espectador.
Lamentablemente, ya sabemos que sufrió la cancelación como sucedió con Daredevil,
Iron First y Luke Cage. Recordemos que Disney, que posee los derechos de los
encapuchados de Marvel, tiene como proyecto para 2019 realizar su propio
servicio de streaming, por lo cual nada se sabe si van a continuar con las
historias que nos mostraron en Netflix. Sería una lastima desperdiciar el miniuniverso que se formó,
más allá de las criticas negativas hacia Luke Cage e Iron Fist.
Como conclusión, es una serie que lo vale, y si bien no tuvo
la repercusión que querían sus productores (la recepción en la primera semana
fue 40% más baja que la primera temporada) la calidad se mantiene y vemos al
actor Jon Bernthal encarnar un papel que le quede a medida. ¿Qué sería de The
Walking Dead si lo hubiesen dejado un tiempito más? Obviamente una serie un
poco más digna de lo que nos muestran hoy en día…
By Emi



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