Y llegamos al final (o no) de una saga que nos entrega una cuarta película que no estábamos esperando pero que la disfrutaron tanto nosotros como nuestro niño interior. En un momento de películas y series que tras varios años van cerrando su historia (Game of Thrones, X-Men, Avengers), las compañías de la lamparita y del ratón nos da una cuota para llorar, de risa y de nostalgia.
Desde lo divertido, las películas de animación saben como entretener a grandes y a chicos a la vez. No solo con personajes que a esta altura son parte de la cultura pop como Rex o Cara de Papa, sino que también lograron incorporar personalidades que casi al instante logran que le tengamos cariño.
Este es el caso de Forky (con la voz de Tony Hale, actor de comedia clave en series tales como Arrested Development o Veep) donde los creativos no solo le dieron un argumento bastante piola sino que también hubo una campaña de marketing del estilo hype para que hasta los menos interesados en la películas se sienta atraídos por la cuchara/tenedor.
Otro caso es el de la dupla Ducky-Bunny, dos peluches con grandes momentos y comentarios muy astutos que se complementan de 10 con los demás. No podemos tampoco dejar de mencionar a Keanu -si te metes con mi mascota sos boleta- Reeves que presta la voz para Duke Caboom un juguete (es medio al pepe escribir a esta altura esta palabra, pero por las dudas para algún perdido no viene mal) motoquero canadiense frustrado que va a cumplir una función clave en el desarrollo de la historia.
Otro caso es el de la dupla Ducky-Bunny, dos peluches con grandes momentos y comentarios muy astutos que se complementan de 10 con los demás. No podemos tampoco dejar de mencionar a Keanu -si te metes con mi mascota sos boleta- Reeves que presta la voz para Duke Caboom un juguete (es medio al pepe escribir a esta altura esta palabra, pero por las dudas para algún perdido no viene mal) motoquero canadiense frustrado que va a cumplir una función clave en el desarrollo de la historia.
Desde lo emocional, no podemos dejar de lado tres momentos clave:
a) Cuando Woody se despide al inicio de la película de Bo Peep. En realidad todo esta introducción, donde aparece Andy y su familia es de lo más icónica.
b) El reencuentro del vaquero con la damisela (o ex damisela por todo lo que vivió todos estos años sin un niño).
c) Y el más importante, la despedida de Woody con sus antiguos compañeros de ruta (traigan pañuelos que lágrimas sobran).
Algo importante de remarcar, y es el punto clave de porque la saga apunta a grande y a chicos, es el replanteo permanente de la existencia de la vida. No, no somos psicólogos ni filósofos ni insumimos ningún tipo de sustancia legal o ilegal al escribir la nota, pero esta claro que la película tiene un trasfondo de que función debe cumplir una persona (o llevado a una analogía para explicar, un juguete) para con el mismo y para con el resto de las personas. En este caso vemos a Woody y a Forky cumpliendo ese rol. A su vez, tenemos al personaje de Gabby Gabby, villana de turno, para mostrarnos a una persona frustrada por que nunca llega a tener el cariño del otro. Obviamente, siempre hay momento para la redención y para la muñeca le va a llegar tarde o temprano.
Por último, tiramos la pregunta: ¿hay lugar para una quinta entrega? Recordemos que entre la segunda y tercer película pasaron 11 años, y entre la tercera y la cuarta 9 años. Además, que todos contamos que la saga tuvo su merecido cierre en la tercer entrega. Por eso no es descabellado pensar que se animen a crear una nueva historia. A modo de ejemplo, me imagino un Woody que reaparece para ayudar a un viejo amigo, teléfono para Buzz.
Mientras reúna los condimentos de las demás entregas, ¡bienvenida!



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